Tres cosas hay destructivas en la vida: la ira, la codicia y la excesiva estima de uno mismo.
El peligro va creciendo. A medida que crecen los arsenales de las superpotencias y se hacen más complejos los armamentos que contienen y a medida que otros gobiernos —quizás aún docenas de gobiernos en el futuro— adquieran estas armas, tal vez sea solo cuestión de tiempo antes que la locura, la desesperación, la codicia o un cálculo errado desate la terrible fuerza
Le quedaban por conocer muchas noches en las que sucumbiría a mujeres que su avidez y el alcohol le harían juzgar deseables, para llevarse las manos a la cabeza al descubrir que se había metido en la cama con descomedidas parientes de Oliver Hardy o con casquivanas émulas de Bela Lugosi.
Así como la lluvia penetra en una casa mal techada, la avidez penetra en una mente no desarrollada.
Algunos afirman que ya no puede hablarse de izquierda ni derecha y que sólo cabe un pragmatismo político universal. Sin embargo, esos términos que han orientado a tantos durante un par de siglos se resisten a ser enterrados; ya no son dogmas ni banderas, pero pueden seguir determinando ideales de acción política
Mi pragmatismo consiste en saber que si golpeas tu cabeza contra la pared, es tu cabeza la que se romperá y no la pared