Llámame cuando me haya saciado de esta querida y bella vida que no me ha atormentado nunca y a la que no he renunciado jamás. La he amado desde lo más profundo de mi corazón y todavía está en la flor. Mi salud siempre ha sido buena, la riqueza, abundante y las aspiraciones, grandes.
El que agradece lo que recibe, da a luz una abundante cosecha.
El amor es fuerte como la muerte; los celos son crueles como la tumba.
Lo más notable de esto es que todos los afectados, el conjunto de la sociedad, consideran y tratan a la crisis como algo fuera de la esfera de la voluntad y el control humanos, un golpe fuerte propinado por un poder invisible y mayor, una prueba enviada desde el cielo, parecida a una gran tormenta eléctrica, un terremoto, una inundación.
Si eres feliz, si vives cada momento, aprovechando al máximo sus posibilidades, entonces eres una persona inteligente.
Es nuestra obligación, nuestro privilegio, constituirnos en defensores en la puerta de la muralla durante los momentos de máximo peligro. Si fallamos, fracasará la libertad. ¿Acaso pueblo alguno desde Atenas ha tenido una responsabilidad, una oportunidad comparables?