Debe señalarse que los principios religiosos sufren una suerte de flujo y reflujo en la mente humana y que los hombres tienen una tendencia natural a elevarse de la idolatría al monoteísmo y a recaer de nuevo del monoteísmo en la idolatría.
La esperanza es el flujo de la vida. Cuando no hay lugar para la esperanza, es cuando surge la muerte