Un día surgirá del cerebro de la ciencia una máquina con una fuerza tan temible y terrorífica, que hasta el hombre, el guerrero, que esta dispuesto a soportar la muerte y tortura para inflingir muerte, abandonará la guerra por siempre.
El hambre le tortura en forma tal que comprende que si no la apacigua en seguida enloquecerá. Se muerde un brazo hasta que siente, sobre la lengua, la tibieza de la sangre. Se devoraría a sí mismo, si pudiera. Se troncharía ese brazo.