Recordad que la naturaleza nos ha dado dos oídos y una boca para enseñarnos que vale más oír que hablar.
Las doctrinas, básicamente, no son cosa susceptible sólo de enseñar, porque el saber una doctrina no representa gran avance sobre el no saberla. Lo importante en las doctrinas es inculcarlas, vale decir, que no es suficiente conocer la doctrina: lo fundamental es sentirla, y lo más importante es amarla.