Yo amo los cantos que llevan dentro aire, agua, tierra y fuego, los cantos que son claros, ligeros y diáfanos, vivientes como mundos lanzados al azul, con algo de magia y de prodigio, cual pompas de jabón que no se rompen.
Como pompas de jabón con las que los niños se entretienen, tanto más irisadas y mayores cuanto más cerca están de deshacerse.