Para castigarme por mi desacato a la autoridad, el destino me hizo a mí mismo autoridad.
El acto de desobediencia como acto de libertad es el comienzo de la razón.
...De las figuras poderosas de la historia de Israel, dotadas de una constitución muy libre, han hecho, según las necesidades, míseros mojigatos y santurrones, o ateos, han simplificado la psicología de todo gran acontecimiento, reduciéndola a la fórmula, propia de idiotas, de obediencia o desobediencia a Dios.
El ejemplo se buscaba no sólo suscitando la conciencia de que la menor infracción corría el peligro de ser castigada, sino provocando un efecto de terror por el espectáculo del poder cayendo sobre el culpable.
Toda infracción de la ley es una ofensa contra el Estado.
Más Estados han perecido por la depravación de las costumbres que por la violación de las leyes.
Yo quiero criticar y ser criticado. La fe, sin embargo, constituye una actitud básica marcada por la ausencia de crítica frente a la voluntad divina y exige mi sumisión frente a su sentido inescrutable. Representa una forma de violación espiritual. He de poseer el derecho de oponerme a ello. O interpreto ese derecho como deber.
Su ayuda es mi sueldo. Su sueldo es la cuadratura de mí círculo, que saco con los dedos para mantener su agilidad. Su calculadora es mi mano a la que le falta un dedo con el que me prevengo de los errores de cálculo.
La vanidad es el temor de parecer original; significa, pues, falta de orgullo, pero no supone falta de originalidad.
Como hay talentos por el estudio, hay tontos entontecidos por desuso
... que cada hombre reconozca a su prójimo como a su igual por naturaleza. El quebrantamiento de este precepto es el orgullo.
Lo que otorga a las acciones humanas un sabor de justicia es esa nobleza o galantería de ánimo, que se da muy raras veces, que hace que un hombre desprecie las ventajas que podría obtener en su vida como resultado del fraude o del quebrantamiento de una promesa.
La maldición de no pensar, la inutilidad de la grandeza, el incumplimiento de la justicia, la magra acción de la actitud: Cobardía.
A cualquiera: Prohíbo leer en voz alta el texto durante el transcurso de la ejecución musical. Todo incumplimiento de esta observación levantará mi justa indignación contra el petulante. No se conceden privilegios.
No, creo que soy una de esas personas cuya memoria falla cuando está bajo presión. ¡Las respuestas vienen a mi en mitad de la noche mientras duermo!. De todas formas, ya soy millonario.
La Iglesia estaba hecha de intelectuales, de filósofos, de gente que tenía que demostrar la existencia de Dios. Cuando eso falla por el avance de los descubrimientos científicos y filosóficos, se queda sin contenido. Entonces se pasa al sentimentalismo, a las devociones sin más.