El médico puede enterrar sus errores, pero el arquitecto lo único que puede hacer es aconsejar a su cliente que ponga enredaderas.
Los médicos pueden enterrar sus equivocaciones, pero un arquitecto sólo puede aconsejar a su cliente plantar yerba.
Querrá sepultar la cara entre sus manos y llorar y gemir rogando una piedad que sabe que no existe