Perdiéndose entre los senderos floridos e internándose en el bosque hasta llegar a las faldas de una colina, pasan alegremente los días, escondidos en el fondo de los matorrales que abrigan, complacientes, sus amores.
El sabio no se sienta para lamentarse, sino que se pone alegremente a su tarea de reparar el daño hecho.