El espacio que separa un aforismo de otro es una invitación a olvidar.
El único hombre que es realmente libre es aquel que puede rechazar una invitación a comer sin dar una excusa.
Ninguna provocación puede justificar la brutal matanza de hombres impotentes y a merced de la multitud, cuando la India proclama que es no violenta y quiere ascender al trono de la libertad mediante la no violencia
La predicación de la castidad es una evidente provocación a la contranaturaleza.
El terrorismo se basa en la estimulación del miedo con fines políticos.
¡Tanto puede en nosotros la violencia y excesiva excitación de las pasiones, sean las que fueren, que nos engaña y nos saca fuera de nosotros mismos como febricitantes o dementes!
Cuando dos personas llegan a conocerse bien, su intimidad pierde cada vez más su carácter milagroso, hasta que su antagonismo, sus desilusiones, su aburrimiento mutuo, terminan por matar lo que pueda quedar de la excitación inicial.
Con cada estímulo que desencadena una emoción se generan nuevas conexiones entre grupos de células en nuestro cerebro.
Estas dos envidias han estado siempre vigentes: la mala y la buena. La mala es la que abruma e inmoviliza, la buena es la que obliga a avanzar. El mundo avanza por la envidia buena, ese estímulo de desear lo que no tenemos, sea material o espiritual.
Una literatura llamada a durar es generalmente profética; más raramente, apologética menos todavía de propaganda.
La familia está llamada a ser templo, o sea, casa de oración: una oración sencilla, llena de esfuerzo y ternura. Una oración que se hace vida, para que toda la vida se convierta en oración.
La predicación de la castidad es una evidente provocación a la contranaturaleza.
¿Es una provocación hablar castellano en la calle, en Barcelona? ¿Por qué, entonces lo sería hacerlo en el Parlament, que representa al pueblo?