Las cartas de recomendación son las que se entregan a un inoportuno para que vaya a importunar a otro.
Prefiero ser inoportuno e indiscreto antes que adulador y taimado.
El público es más inteligente de lo que él mismo cree, pero no hay que decírselo, porque si no se vuelve aún más impertinente de lo que es de por sí.
Lo que llamamos progreso es el cambio de un inconveniente por otro.
Frívolo y disperso, aficionado en todos los campos, no habré conocido a fondo más que el inconveniente de haber nacido.
Incluso este París fastidioso y enfermo parece acoger a los jóvenes soles, y como con un inmenso abrazo tiende los mil brazos de sus tejados colorados.
El secreto de no hacerse fastidioso consiste en saber cuando detenerse.
Los mayores nunca entienden nada de sí mismos, y resulta pesado para los niños tener que estar explicándoles siempre las cosas.
Ser campeón de peso pesado exige una vida dura y solitaria, una vida fuera de lo común, para un hombre joven, dinámico, y al que le gusta tanto convivir con la gente, como yo.
El que a todos desprecia, se hace desagradable a todos.
...todo lo que de cualquier modo se refiera al culto personal siempre me ha resultado desagradable
Todos tenemos algún antepasado imbécil. Todos, en algún momento de nuestras vidas, encontramos el rastro, las huellas vacilantes del más pelmazo de nuestros antepasados, y al mirar ese rostro huidizo nos damos cuenta, con estupor, con incredulidad, con horror, de que estamos contemplando nuestra propia cara que nos hace guiños y muecas amistosas desde el fondo de un pozo.
Hay tres cosas que es indiscreto manifestar: el ingenio en presencia de todos, la riqueza delante de los pobres y la alegría frente a los que lloran.
Prefiero ser inoportuno e indiscreto antes que adulador y taimado.
La Gran Enfermera tiene tendencia a alterarse mucho cuando algo impide que su equipo funcione como una máquina bien aceitada, exacta, de precisión. Cualquier objeto desordenado o fuera de lugar o en medio del paso la convierte en un blanco hatillo de sardónica furia.
El buen gusto estaba fuera de lugar cuando se trataba de la muerte, que constituía la esencia del mal gusto.
No voy a decir que lo repetiría, pero me vino bien. Me movía por inercia, no tuve ni un mes para pararme a reflexionar. Gracias al desafortunado incidente, llegué a mi casa y me planteé muchas cosas de mi vida.