Un trasiego de tópicos, de alegre trapicheo con palabras vacías de sentido, de chatarra retórica sin hueso argumental ha acabado por vetar los debates sobre los problemas de los ciudadanos, los de ahora y los que han de llegar. Esa vaguedad no guarda ninguna relación con la inevitable abstracción de los principios, de los ideales.
Los datos representan una abstracción de la realidad en el sentido de que ciertas propiedades y características de los objetos reales se ignoran por qué no interesan para el problema concreto que se estudia.