No me gusta oír excusas porque no soy confesor tan solo soy decidor sin fusa ni semifusa, vivo sacando pelusas del rincón de los olvido si sufro por ser sufrido soñador de la justicia peleo por la delicia de no vivir sometido.
Pensar que fui el estudiante soñador y tú la humilde y bella flor que perfumaba mi sentir.
Soy un hombre sin piedad y no habrá tregua alguna. No hay nadie que lleve a cabo un rescate en el último minuto ni tienes la menor posibilidad de escapar. Esto no es un romántico relato de aventuras en que al final el villano cae vencido y el protagonista es condecorado y se casa con la chica. Por desgracia, esas cosas no ocurren en la vida real.
¡Hoka Hey!_ (Con esta frase era con la que el jefe de guerra Sioux, Tasunka Witko (Caballo Loco o Crazy Horse) lanzaba a la batalla a sus bravos contra los wasichus (hombres blancos). La traducción indica el carácter eminentemente romántico de estos hombres guerreros: Hoy es un buen día para morir.)
Existen dos causas importantes que dan al socialismo utópico inglés su carácter peculiar: la revolución industrial con su cortejo de miserias para la naciente clase proletaria y el desarrollo de una nueva rama de la ciencia: la economía política.
La transformación del socialismo utópico en una doctrina de base científica, se debe a Carlos Marx y Federico Engels.
El insulto, el presidio y la amenaza de muerte no pueden impedir que el utopista sueñe...
El líder tiene que ser práctico y realista, sin embargo, debe hablar la lengua del visionario y del idealista.
... un científico debe ser de hecho libremente imaginativo y aun así escéptico, creativo y aun así crítico. Existe un cierto sentido en el que debe ser libre, pero otro en el que su pensamiento debe estar muy precisamente reglamentado; existe poesía en la ciencia, pero también una gran cantidad de contabilidad
Observé que, por definición, los críticos no tienen imaginación y es normal. Un crítico demasiado imaginativo ya no podría ser objetivo. Precisamente la ausencia de esa imaginación es lo que les hace preferir las obras muy sobrias, muy desnudas, las que les dan la sensación de que podrían ser casi sus autores.