Siendo niño mi familia tuvo que trabajar en tareas de limpieza y vivir en una furgoneta vieja. Pero por Dios le juro que incluso en aquellos tiempos lograba hacerles reír, aunque fuera con una imitación, un pedo o un baile.
Según con la imaginación iba alejándose de sus sentimientos íntimos, atraída por la realidad de la vida, en su pensamiento perdían limpieza las ideas y serenidad los juicios.