Lo único en lo que tenemos que creer es en nuestros sentidos, herramientas que utilizamos para percibir el mundo: vista, tacto, memoria. Si nos mienten, no podemos confiar en nada. Aunque no creamos, no podemos viajar en otra dirección que no sea la que nos marcan nuestros sentidos y debemos llegar hasta el final.
La inteligencia, sin la capacidad de aprender; es patrimonio de los que no tienen la facultad de percibir los sonidos; por ejemplo la abeja.(cfr. Metafísica I,1).