Para que una película parezca prodigiosa a los espectadores (...) hay que acabar el repugnante ritmo cinematográfico actual, esta convencional y enojosa retórica del movimiento de la cámara. ¿Cómo creer en el más banal de los melodramas cuando la cámara sigue al asesino por todas partes en trávelin, hasta el lavabo donde va a lavarse la sangre que mancha sus manos?
La vida no es ni de lejos tan hermosa como para vivir solamente de su retórica y de buenos sentimientos
Es necesario que tu película despegue. La hinchazón y lo pintoresco le impiden levantar el vuelo.