Los hombres no tienen más que dos frenos: la vergüenza y la fuerza
Me recuerdo claramente. Antes de experimentar compasión por los hombres, experimenté en mí mismo la vergüenza. Tenía vergüenza de ver el sufrimiento de los hombres y de esforzarme por transformar todo ese horror en un espectáculo efímero y vano.
La vida tiene una ventaja contra la literatura: el sexo. No hay sexo, por malo que sea, que no le gane a la mejor escena erótica. Se supone que, como los boxeadores, no hay que tener sexo mientras se escribe una novela. Es por eso que se escriben libros gordos. Es pura desesperación.
Dos seres de sexo diferente, que el instinto del placer los acerca, deben, pues, entregarse a gozar del placer en toda la extensión de que sean capaces, buscando la forma de hacerlo más intenso y mejor, y reírse de lo que se llama las consecuencias, porque estas consecuencias no son en absoluto necesarias.