El que la ciencia pueda sobrevivir largamente depende de la psicología; es decir, depende de lo que los seres humanos deseen.
Desde que Freud lo inventó, se ha discurseado largamente sobre la edad ideal para emprender un análisis: siempre y ahora mismo, tan pronto como el sufrimiento y el deseo exijan la urgencia. La perspectiva de morir menos idiota, por si misma, debería hacer tabla rasa de toda vacilación.
Desprecio profundamente a los que gustan de marchar en fila al compás de una música; no puede ser más que por error que han recibido un cerebro; una médula espinal les bastaría ampliamente
Si preguntásemos a un cristiano medio hoy en día (ya fuese un informado católico o protestante, o no) cual es la concepción que tiene de la enseñanza del Nuevo Testamento acerca del destino del hombre después de la muerte, con pocas excepciones obtendríamos la respuesta: La inmortalidad del alma. Sin embargo, esta ampliamente aceptada idea es uno de los mayores malentendidos del cristianismo.