No concibo otra forma de escribir que en primera persona. Es la única real y sincera, porque ¡cómo va a saber un pobre hijo de vecino lo que están pensando dos o tres o cuatro personajes! ¡No sabe uno lo que está pensando uno mismo con esta turbulencia del cerebro va a saber lo que piensa el prójimo!
El recuerdo es vecino del remordimiento.
Lo lógico sería suponer que iban a ofrecerme algo para beber, pero, por lo visto hasta ahora, eso denotaría un optimismo rayano en el idealismo.