¿Puede alguien recordar el amor? Es como querer conjugar el aroma de las rosas en un sótano. Podrías ver la rosa, pero el perfume, jamás. Y es esa la verdad de las cosas ¿no te parece? Su perfume.
El licor con aroma a enebro había volatilizado sus pensamientos; pensaba que la locura había inducido a este hombre a llamarse a sí mismo rey, y simultáneamente, que el reino lo había llevado a la locura.
Sentí una necesidad agónica, toxicomaníaca, de inhalar, hasta reventarme los pulmones, el olor de ella: olor de escuelita, de tinta china, de encierro, de sol en el patio, de papel del estado, de anilina, de tocuyo vestido a flor de piel -olor de la tinta china, flaco y negro-, casi un tiralíneas de ébano, fantasma de vacaciones...Y esto era mi primer amor.
La sal, olor a sal del aire espeso del mar, y las piedras redondas que desgastan las mareas, ¿Cuándo vendrá el buen barco?
No eres los pensamientos, eres el espacio desde el cual surgen los pensamientos. ¿Y qué es ese espacio? Es la conciencia misma. La conciencia que no tiene forma. Todo lo demás en la vida tiene forma. En esencia somos esa conciencia sin forma que está detrás de los pensamientos.
La esencia de la vida es la sonrisa de las mujeres.