¿Dónde está el descanso de los días, la avenida con tomillo, el aroma de verónica que prometiste, la nata y la miel que dijiste que había ganado, la felicidad que procede de las tareas bien hechas, la serenidad que el deber nos concede, las bendiciones de las buenas obras?
Humana entraña de azúcar, efeba fruta de jade: ¡Cómo quisiera beberme el aroma de tu carne!
Amo el teatro porque me repugnan las ilusiones. No creo que el descontento – este espíritu de rebelión que me cabalga – pueda al fin aquietarse. Cuando parece reducido al silencio, siento el olor de la mentira que penetra en mi nariz. Si el descontento se aquieta, no sabría que hacer con el teatro.
Siempre recordaré tu desnudez entre mis manos, tu olor a disfrutada madera de sándalo clavada junto al sol de la mañana; tu risa de muchacha, o de arroyo, o de pájaro; tus manos largas y amantes.
Los analistas interpretaron erróneamente mi teoría de la genitalidad. Habían oído decir que la privación de satisfacciones sexuales era la causa de las neurosis, y entonces dejaron que sus pacientes se satisficieran, y procuraron curar rápidamente. Descuidaban todos ellos el hecho de que la esencia de la neurosis era la incapacidad de obtener gratificación
No pretendas haber explorado la esencia de la vida si no has amado. El oído, la vista, el gusto, la seriedad, la diversión, el amor y el triunfo son alegrías que se elevan en aquel cuyo corazón está colmado de amor, desde la primera mirada.