La fotografía sólo puede representar el presente. Una vez fotografiados, el sujeto se convierte en parte del pasado.
Durante medio siglo la fotografía ha sido la forma artística de los sin talento.
La idea tiene corto alcance, se gasta. En cambio, dos manzanas de Cézanne o un retrato de Rembrandt, como idea, son nada. Sin embargo, tienen algo más profundo que los hace trascendentes y permanentes.
Es ésta una obra de fantasía... sin realidad. Un capricho. No vea nada más en ella. El personaje del barón Medusa es una forma de retrato. Se trata de mi retrato...Mi retrato de cuerpo entero.
Mi escritura es como un retrato de mi conciencia. Escribir es aceptar mi irrealidad, mi muerte, pero también mi realidad, mi única verdadera realidad. Porque no se trata solamente del plumbago de Autlán, de los manzanos de la casa de Tlalpan, o del césped de aquí, recién cortado: también yo me desrealizo y afantasmo con cada palabra que escribo.
La Historia debe ser sobre todo la pintura de un tiempo, el retrato de una época. Cuando ésta se limita a ser el retrato de un hombre o la pintura de una vida, sólo a medias es Historia.
Y le apena a uno que esa instantánea belleza se haya marchitado de manera tan rápida e irrevocable, que haya brillado tan engañosa e ineficazmente ante uno; le apena el que ni siquiera hubiese tiempo bastante para enamorarse de ella...
Y le apena a uno que esa instantánea belleza se haya marchitado de manera tan rápida e irrevocable, que haya brillado tan engañosa e ineficazmente ante uno; le apena el que ni siquiera hubiese tiempo bastante para enamorarse de ella...