En nuestros días se advierte la creciente conciencia de que la paz mundial está amenazada, no sólo por la carrera de armamentos, los conflictos regionales y las injusticias que todavía existen en los pueblos y entre las naciones, sino también por la falta de respeto a la naturaleza, a la explotación desordenada de sus recursos y el progresivo deterioro de la calidad de vida.
Liberado de los dioses celestes y terrestres, así como de todas sus prescripciones morales y sociales, el hombre alza la voz y se opone en actos contra la explotación del hombre por el hombre y la recuperación de su naturaleza, la cual queda invariablemente atada la marcha hacia adelante, hacia la plenitud y la perfección.