Hoy el mundo se ha transformado en una inmensa carpa de cristal sin salida alguna y nuestra condena consiste en no poder abandonar nunca el tendido y estar obligados a consumir, repetir, comentar y reproducir inexorablemente las imágenes idiotas, violentas y anodinas, que nos sirve la historia a través de un laberinto de espejos.
Hay situaciones que los hombres aprecian con su instinto, pero que no pueden comentar con su inteligencia.
¡Fatal ceguera de las pasiones! ¡Le daba las gracias por contribuir a mi perdición, por allanar el camino a los extravíos que iban a llevarme al borde de la sepultura!
La auténtica intuición artística va más allá de lo que perciben los sentidos y, penetrando la realidad, intenta interpretar su misterio escondido.
No se conoce a Albéniz si se prescinde del duende de su ritmo. Y no se puede interpretar a Albéniz si no se conoce a fondo la humanidad, el orgullo, la pasionalidad, el dolor del pueblo español.