Alentáos y reunid por un instante vuestros esfuerzos a los nuestros; en un instante de vigor y de actividad vais a recobrar el don más precioso del cielo, que sólo la seducción, la intriga y la perfídia pudieron arrebataros
En el vasto campo de la intriga hay que saber cultivarlo todo: hasta la vanidad de un necio