La dirección del Komintern conduce al proletariado alemán a una terrible catástrofe, cuyo punto culminante será la capitulación por miedo ante el fascismo. Si el fascismo llegase al poder, aplastaría nuestras cabezas y nuestras columnas vertebrales como un gigantesco tanque. Sólo una unidad combatiente con los obreros social-demócratas puede llevar a la victoria.
La Noche vieja que dio paso a 1980 pase observando un gigantesco incendio en la calle Departamental con segunda Transversal. (...) Era una fábrica de espuma plástica la que ardía fuera de control. (...) En ese lugar estábamos Jorge, Miguel y yo. La década de los ochenta había empezado.