Ni el pasado ni el futuro tienen una existencia separada de este ahora; por sí mismos son una ilusión. La vida existe sólo en este preciso momento, y es en este momento cuando es infinita y eterna. Ya que el momento presente es infinitamente pequeño, antes de que podamos medirlo ha desaparecido, y sin embargo persiste para siempre.
Y cuándo es necesario matar cuando está muerto lo que aún está vivo.
En un club de fútbol, el entrenador es el más importante de la institución. ¿Por qué digo eso? Porque las autoridades de la institución moderan el poder que le otorgan al entrenador, y tienen ese error. Pero el que tramita lo más importante que tiene un club de fútbol, que es el desarrollo del equipo, es el entrenador. Entonces, dispongo del poder, evidentemente no lo usé bien sino no estaríamos en el momento en que estamos, y el público ha percibido eso.
La causa justa, toda causa justa, se convierte en injusta en el momento en que la llevamos hata sus últimas consecuencias
Los alguaciles de hoy no son más que la sombra caricaturesca de los alguaciles del tiempo del rey; esa era gente temible y temida, respetable y respetada; formaban uno de los extremos de la formidable cadena judicial que envolvía a todo Río de Janeiro en la época en que los pleitos eran entre nosotros un elemento de vida; el extremo opuesto lo constituían los desembargadores.
Cuando se cuenta la historia a los jóvenes – tienen un nombre, se los denomina los guardianes de la memoria – primero se expone entre nosotros, y uno dirá No, no fue así, y otro Sí, así fue, y en el momento en que todo el mundo está de acuerdo podemos estar seguros de que la historia no contiene ninguna falsedad.
... el amor empieza en el momento en que una mujer inscribe su primera palabra en nuestra memoria poética.
Los alguaciles de hoy no son más que la sombra caricaturesca de los alguaciles del tiempo del rey; esa era gente temible y temida, respetable y respetada; formaban uno de los extremos de la formidable cadena judicial que envolvía a todo Río de Janeiro en la época en que los pleitos eran entre nosotros un elemento de vida; el extremo opuesto lo constituían los desembargadores.