He mantenido conversaciones absolutamente maravillosas con obispos anglicanos, y sospecho que en un momento de franqueza podrían decir que no creen en la inmaculada concepción, Pero por cada uno de ellos hay cuatro que le dirían a un niño que se va a pudrir en el infierno por dudar.
Y aprendí algo: que debía armarme interiormente de valor. Intento ser valiente y no asustarme de nada. Y la verdad es que nunca he tenido miedo absolutamente de nada. Sufría con algo, lo asimilaba. Esto o aquello me preocupaba. No tenía dinero, no tenía a esta mujer o a aquel amor. Música fiasco, falta de éxito y todo lo que quiera, ya sabe. Pero siempre fui muy valiente...