Jamás he conocido las pasiones más odiosas, nunca ha invadido mi corazón la envidia, la maldad, ni la venganza... en ocasiones la ira, pero no soy muy hábil y jamás guardo rencor
Nos enfrentamos a un valiente y habil oponente y, si puedo decir tal cosa a través de la destrucción de la guerra, a un gran general
La ágil caricia de tus sedas era como una primavera perfumada...
Miré un poco, y tan ágil y libre me sentía como si, abanicándome, las alas de Mercurio hubiesen en mis pies retozado: era leve mi corazón, y muchas delicias de mis ojos me estremecían.