Esto es lo que el cielo no sueña: el olor de la mujer y sus suspiros, la voz del hombre y sus abrazos; el latido acompasado de los que duermen juntos esta noche.
Aprovechaba el momento de emoción y descuido del alma cándida, conquistaba con inteligencia y pasión, sabía esperar una caricia involuntaria, suplicar o exigir una confesión, captar el primer latido del corazón, perseguir el amor, lograr de repente una entrevista secreta y después dar a solas lecciones en silencio.