El bien-dijo Swedenborg- es una llamita que da luz y hace al hombre ver, percibir y creer.
Lo único en lo que tenemos que creer es en nuestros sentidos, herramientas que utilizamos para percibir el mundo: vista, tacto, memoria. Si nos mienten, no podemos confiar en nada. Aunque no creamos, no podemos viajar en otra dirección que no sea la que nos marcan nuestros sentidos y debemos llegar hasta el final.
En el hielo de la soledad es cuando el hombre, implacablemente, se siente como problema, se hace cuestión de sí mismo, y como la cuestión se dirige y hace entrar en juego a lo más recóndito de sí, el hombre llega a cobrar experiencia de sí mismo.
La escritura permitió registrar los acuerdos, las órdenes y las leyes. Permitió que los estados alcanzaran mayores dimensiones que las ciudades. Hizo posible cobrar conciencia de la continuidad histórica. Con ella, los mandamientos del sacerdote o del rey y la impronta de su sello podían llegar más lejos que sus ojos, y su voz, sobrevivir a su muerte (1922).
Como gran deportista está acostumbrado a competir, a ganar y a perder. Su figura es tan importante aquí como fuera de nuestro país y todo eso hace que yo me sienta muy orgulloso de él
ganar el Premio Nobel me deja asombrado, porque siempre pensé que era una cosa fuera de mi alcance. Me sentí muy feliz y asustado. ganar no significa nada.