Y el público creerá en los sueños del teatro, si los acepta realmente como sueños y no como copia servil de la realidad, si le permiten liberar en él mismo la libertad mágica del sueño, que sólo puede reconocer impregnada de crueldad y terror.
Voy a gastar mi dinero en regalos, quiero dar vacaciones a mi ego y liberar al caos, no guardare ni un duro para el cementerio...