Si queréis conocer la ingratitud del hombre, oídlo hablar de la mujer
A un gran corazón, ninguna ingratitud lo cierra, ninguna indiferencia lo cansa.
El hombre es un egoísmo mitigado por una indolencia.
Ningún tirano haría progresos si no hubieren malvados que conducidos por el egoísmo y arrastrados por el torrente de la pasiones antisociales, no sirviesen de apoyo al trono erigido por los déspotas entre las ruinas de la virtud y derechos más augustos del hombre.
Estos cuatro elementos son los gérmenes naturales de la religión: la creencia de que los espíritus existen, el desconocimiento de causas secundarias, la veneración a todo aquello que produce miedo y la predicción de lo que sucederá en el futuro a partir de situaciones accidentales.
La falta de sensibilidad es básicamente un desconocimiento de nosotros mismos.