Socave la idea del estado, ponga en su lugar la acción espontánea y la idea de que el parentesco espiritual es la única condición para la unidad y lanzará usted los elementos de una libertad que merece ser poseída.
Soy tuyo, madre tierra: me invade el parentesco inevitable y hondo de tu ritmo en mi sangre, porque pese a mi miedo, a mi apego a la vida, hay algo en mis adentros que espera y desespera por regresar a ti...