El fútbol, pegar patadas a algo para que se mueva, es algo natural, consustancial al ser humano. Los ingleses pusieron las reglas, pero el fútbol ya estaba en Atapuerca.
El egoísta sería capaz de pegar fuego a la casa del vecino para hacer freir un huevo.
(..) Y desde entonces llamo o fluir de otra manera, el príncipe contonea su caballo a toda hora y yo le he dado agua de todo movimiento aquí y es lo que sobra, tal vez aglutinar la otra manera de mirarte o estar o parecer un poco.