... encuentro que el género humano es execrable en general y los hombres, por su orgullo y desmedida ambición, en particular.
Esta sociedad tiene que seguir manejándose sobre la base de la esperanza y la solidaridad. Tenemos que aprender a ser unitarios, incluir a todos, sin diferencias, sean éstas de origen étnico, religioso, de género o por discapacidades físicas o mentales. Sólo así lograremos una gran Nación.
La Historia nos ayuda a salir de la ilusión maniquea en la que a menudo nos encierra la memoria: la división de la humanidad en dos compartimentos estancos, buenos y malos, víctimas y verdugos, inocentes y culpables.
Las máquinas, lo mismo que la división del trabajo, en el actual sistema de la economía social, son a la vez fuente de riqueza y causa permanente y fatal de miseria.