Como perlas, vivimos y nos movemos y tenemos nuestro ser en el perpetuo flujo de la Vida Divina.
Cuando usted va con el flujo de la vida y escucha su intuición, a usted se le muestra lo que necesita saber por la increíble sincronicidad que lo rodea diariamente y lo guía a través de las cortinas de humo y los salones de espejos.
Dios no tiene que hablar para que podamos descubrir, en forma definitiva, signos de su voluntad; es suficiente para examinar el curso normal de la naturaleza y la consecuente tendencia de los acontecimientos.
Los líderes nunca pueden ser cerrados de mente. Deben llegar a trabajar todos los días buscando una mejor manera de hacer las cosas. No pueden tener miedo a admitir sus errores. Deben estar dispuestos a cambiar de curso cuando las circunstancias cambian.