A veces, el corazón del hombre a lo lejos se extravía, y bajo el arco de su ojo hay, como en los grandes arco solitarios, ese muy grande lienzo de mar de pie en las puertas del desierto...
¡Yo también quisiera ser Reina un día, yo también! Que fuese de flores mi corona y el rocío del alba su ornamento y mi manto labrado de arco iris.