Lo peor que le puede pasar a un religioso es una doble vida, sea rabino, cura o pastor. En una persona común, puede suceder que tenga su hogar acá y su nidito allá y que no parezca tan condenable, pero en un hombre religioso es absolutamente condenable.
Un hombre sabio se cura de la ambición por la ambición propia, y su objetivo es tan elevada que las riquezas, la oficina, la fortuna, y el favor de no satisfacerlo.