Proferí entonces una exclamación de alegría y lo estreché con más fuerza contra mi cuerpo, donde pude sentir, en la fiebre repentina que hizo presa de su cuerpo, los acelerados latidos de un pequeño corazón.
¡En qué poca cosa se convierten los reyes de la creación bajo un acceso de fiebre o un ataque de bilis!