Cada civilización debe contender con una fuerza inconsciente que puede anular, desviar o revocar casi cualquier intención consciente de la colectividad.
Lo impulsaban a luchar el deseo de saber y el amor a la verdad, el espíritu de aventura teórica, y el anhelo de consolarse y atenuar la atmósfera de aflicción que lo cubría y la sensación de soledad que se ocultaba en lo hondo de su alma.
Luchamos por aquellas tierras para no perderlas. Lo perdimos casi todo. La nación americana es demasiado poderosa para nosotros. Cuando habíamos de luchar durante pocos días, nos sentíamos frescos y dispuestos. Con el tiempo, los soldados nos agotaban e infligían sobre nosotros la desesperación y el hambre