En otros tiempos los marxistas pensábamos que, llegado a un cierto techo, el sistema capitalista se convertía en un obstáculo casi insalvable para su desarrollo. Pero la práctica ha demostrado que la ley del progreso humano rompe, por unos u otros caminos, los corsés del sistema social.
Allí, en la Unión Soviética, no se conoce esa plaga del régimen de producción capitalista que es el paro forzoso.
Mi padre es cochinamente rico y, aunque somos católicos irlandeses, soy hija única. Tengo más dinero que tú y, por consiguiente, trabajaré gratis. No tendrás que darme nada. Un pasante gratuito durante tres semanas. Me ocuparé de toda la investigación, mecanografiar y contestar el teléfono. Incluso te llevaré el maletín y prepararé el café.
No venderé el rico patrimonio de los orientales, al bajo precio de la necesidad
Por consiguiente, ningún capitalista puede prescindir de los demás.
Un capitalista devora a muchos otros.
Soy demócrata, tecnócrata, plutócrata e hipócrita.
El amor siempre es cambiante y un aprendizaje constante.
Hay que aprender a enfrentar la incertidumbre puesto que vivimos una época cambiante donde los valores son ambivalentes, donde todo está ligado. Es por eso que la educación del futuro debe volver sobre las incertidumbres ligadas al conocimiento.