En ella todos los sentidos eran en realidad uno solo, de modo que el gusto, el olfato, el oído, la vista y el tacto se unían en una sola emoción, con frecuencia demasiado intensa para poderla soportar sin una extraordinaria turbación del espíritu.
Porque yo tuve un día una mañana y un amor. Fino y frío amor, tan claro que lo empañaba el tacto de pensarlo
Coretti no sabía vestirse. La ropa era un lenguaje y Coretti un tartamudo de la indumentaria.
Coretti no sabía vestirse. La ropa era un lenguaje y Coretti un tartamudo de la indumentaria.