Debemos luchar por el hombre mismo, porque es la evidencia humana la que hace bambolear los tiranos y falsos dioses. Y si no sabemos con seguridad que nuestra verdad es la verdad, sabemos bien, en cambio, donde está la mentira.
Cuando asiento mis pies en tierra firme no me los hace menear ni un terremoto.
Debemos luchar por el hombre mismo, porque es la evidencia humana la que hace bambolear los tiranos y falsos dioses. Y si no sabemos con seguridad que nuestra verdad es la verdad, sabemos bien, en cambio, donde está la mentira.
Cuando asiento mis pies en tierra firme no me los hace menear ni un terremoto.
Tal vez existía en los hombres un instinto para la preservación de la vida que, si no era tan fuerte como el instinto de matar, al menos siempre estaba presente para equilibrar la destrucción: una necesidad de afirmar, por un hecho tan objetivo como un acto de misericordia, la importancia del gesto personal frente al generalizado e inevitable conocimiento de la muerte.
Es un gran esfuerzo equilibrar mi carrera con mis hijos. Siempre digo: '¡Oh Dios, soy una mierda de madre. Quiero llegar a casa y llevar a mis niños a su cama'. Y luego algunas veces, si paso mucho tiempo con mis hijos, pienso: 'Oh Dios, sólo quería ser una artista
La muerte se está vengando siempre de nuestras vacilaciones; la vida se compone de 3 etapas, vacilar, vacilar y morir; la muerte en cambio no vacila frente a nosotros
Jamás me ha abandonado el deseo de aprender, ¡y cuántas veces, en medio de los ajetreos de mi vida, no me ha atosigado la sensación de que la labor revolucionaria me impedía estudiar metódicamente! Sin embargo, casi un tercio de siglo de esta vida se ha consagrado por entero a la revolución. Y si empezara a vivir de nuevo, seguiría sin vacilar el mismo camino
¡He venido a mover y dar marcha a la fanfarria! Me fecunda la música que tonifica y cura. Los poetas me acusan de deber ser valiente. ¡Las artes para siempre! ¡Las musas sin cadenas!
La finalidad de Hitler era en primer lugar mover a las masas y, luego, una vez apartadas las masas de sus fidelidades y su moral tradicionales, imponerles (con el hipnotizado consentimiento de la mayoría) un nuevo orden autoritario de propia creación personal.