Todo es júbilo aquí: la alegre máscara del bailarín inmóvil y el asombro de la muchacha sorprendida al borde del acantilado, mientras el viento sueña con alacranes rubios y alfileres que la niebla diluye.
Oh, Dios! Ese chico se mueve de una forma excepcional. Ese es el más grande bailarín del siglo.