En la historia de la Humanidad abundan exhumaciones de vidas privadas, y nadie protesta. Si juzgamos a los muertos, que no pueden defenderse ni atacarnos, ¿Por qué no juzgaremos de igual modo a los vivos, que tienen lengua para hablar y manos para mover la pluma y la espada?
Quizá la mayor lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia.
Cuando se cuenta la historia a los jóvenes – tienen un nombre, se los denomina los guardianes de la memoria – primero se expone entre nosotros, y uno dirá No, no fue así, y otro Sí, así fue, y en el momento en que todo el mundo está de acuerdo podemos estar seguros de que la historia no contiene ninguna falsedad.
Pa' cantar de un improviso se requiere buen talento, memoria y entendimiento, fuerza de gallo castizo.