Sólo hay un modo seguro de dar una vez en el clavo, y es dar ciento en la herradura. Algunos tienen la buena estrella de dar en el clavo la primera vez. Hay que perseverar en el intento
Más fácil es hallar la fortuna que detenerla, como más fácil es ganar lo ajeno que conservarlo
Dos tiernísimos amantes que se unen en matrimonio, rara vez se encuentran, al cabo de muy pocos días, aquella plenitud de felicidad que su fantasía les prometía; porque son muy pocos los tiernísimos amantes que sepan o puedan descubrir en el alma de su amado aquella variedad que es imposible hallar en su cuerpo
Dos tiernísimos amantes que se unen en matrimonio, rara vez se encuentran, al cabo de muy pocos días, aquella plenitud de felicidad que su fantasía les prometía; porque son muy pocos los tiernísimos amantes que sepan o puedan descubrir en el alma de su amado aquella variedad que es imposible hallar en su cuerpo
Nunca pensé en la arquitectura como un objetivo a perseguir sino como algo a descubrir
En ese único levísimo movimiento, veo el fin de la esperanza, el principio de la destrucción de todo lo que quiero en el mundo. No puedo adivinar qué forma tomará mi castigo, qué amplitud abarcará la red, pero cuando termine, lo más probable es que ya no quede nada.
Barcos de amplio velamen, pero sin timón, no saben adivinar su propia ruta: ignoran si irán a varar en una playa arenosa o a quedarse estrellados contra un escollo.
El espectador es un tipo que mira y disfruta (o no) según la belleza de lo que se le ofrece. El hincha es otra cosa. Por eso digo que en el fútbol, lo único insustituible son los hinchas. Siento una gran atracción por las hinchadas. Me enojo cuando voy a la cancha con gente que no me ayuda a descifrar los cantitos.
El dilema de los próceres es una formidable novela para descifrar qué somos los argentinos. Tomás Eloy Martínez.
Luz de los astros: todos mis poros se abren sintiendo vuestros tesoros que son trasuntos de inmensidad, y en esta hora soy una cuerda, cuerda que espera que algo la muerda, para dar notas de tempestad.
Los libros son como las semillas, pueden estar latentes durante siglos, pero también pueden dar fruto en el suelo más estéril