Cuando te sientes agobiado por la melancolía, lo mejor es salir y hacer algo amable por alguien.
Muchas cosas pueden convertirse en fardos, en cargas, si nos aferramos a ellas ciega e inconscientemente. Por ejemplo: quien haya cometido errores, puede sentirse irremediablemente agobiado por ellos y caer en el abatimiento; el que no haya incurrido en errores, puede creerse irreprochable y volverse vanidoso.
Las religiones llegadas al poder han ahogado las más de las veces el suspiro de la criatura agobiada en templos de mármol y en vestiduras de púrpura, y las jerarquías eclesiásticas han abusado del sentimiento como apoyo de un mundo insensible.
El llamado ejercicio del poder se parece mucho al ejercicio funámbulo de la cuerda floja, es una angustia que no cesa, la esperanza de un futuro mejor que no existe, un presente ahogado entre el escozor de ayer y la incertidumbre de mañana.