Mis padres querían que fuera economista, pero me incliné por el fútbol en el equipo que fue mi cuna: El Real Independiente de Ginebra. Jugué como defensa, mediocampistas, delantero y terminé siendo arquero
No se puede tener un país de verdad a menos que tenga una cerveza y una aerolínea -ayuda si tiene un equipo de fútbol o alguna arma nuclear- pero por lo menos debe tener una cerveza.