Que mi detención no perturbe a mis compañeros o a la gente en general, gracias a ella no soy yo sino Dios quien guía al movimiento.
El presente, y esto no significa el instante puntual que meramente designa en nuestro pensamiento el término del tiempo transcurrido, la sola apariencia de una detención en este fluir, sino el instante realmente presente y pleno, sólo existe si hay presencia, encuentro y relación. La presencia nace cuando el Tú se torna presente.
La obsesión por el agotamiento de las reservas y por la detención de los motores, la idea de una decadencia no reversible, traduce ciertamente esta angustia propia del hombre moderno.
Que mi detención no perturbe a mis compañeros o a la gente en general, gracias a ella no soy yo sino Dios quien guía al movimiento.