El método analítico es dialéctico. Por análisis entendemos analizar las contradicciones en las cosas. ningún análisis acertado es posible sin un conocimiento íntimo de la vida, ni una comprensión real de las contradicciones de que se trata.
Todo saber analítico está, pues, invenciblemente ligado a una práctica, a esta estrangulación de la relación entre dos individuos, en la que uno escucha el lenguaje del otro, liberando así su deseo del objeto que ha perdido (haciéndole entender que lo ha perdido) y liberándolo de la vecindad siempre repetida de la muerte (haciéndole entender que un día morirá).
Un médico concienzudo debe morir con el enfermo si no pueden sanar juntos.
El poder analítico no debe confundirse con el simple ingenio, porque mientras el analista es necesariamente ingenioso, el hombre ingenioso está con frecuencia notablemente incapacitado para el análisis.
El analista no hace sino devolverle al analizante (analizante=paciente) su mensaje invertido, como si se tratara de un espejo (en el cual el analizante se puede reconocer).
El buen crítico no estorba, sino ayuda, y su misión, entre otras cosas, es de índole pedagógica, pues guía a los demás lectores. El crítico es un lector, pero un lector más alerta y más total, de sensibilidad más aguda: las cualidades de recepción del lector corriente están como extremadas y exacerbadas en el lector especial que es el crítico.
No hay crítico comparable al cajón de nuestro escritorio.
Un médico concienzudo debe morir con el enfermo si no pueden sanar juntos.